Así, sí: La solidaridad no es un lujo. No al recorte de AOD.

La ayuda al desarrollo productiva

El Gobierno recorta la ayuda a los países empobrecidos, y el principal partido de la oposición públicamente pide que se reduzca hasta la mitad. Ambos consideran que el gasto público en Cooperación para el desarrollo es deficitario y superfluo, a pesar de lo que sus discursos puedan decirnos, sobre todo en periodos preelectorales. Ahora ambos se muestran ciegos y desconocen que los principales problemas tienen una matriz global, es decir, que no se pueden arreglar problemas internos sin considerar cuáles son las consecuencias para el resto. Ahora que se habla de las “tasas de retorno” hasta de los éxitos futbolísticos de la Selección, a nadie en el Gobierno se le ocurrió pensar que nuestra política de cooperación también nos proporciona beneficios en términos de credibilidad y de confianza, de todas esas cosas que para los economistas son la antesala del añorado crecimiento. Tampoco se les ocurrió pensar en el efecto que el recorte anunciado tendrá en el tejido social articulado en torno a las acciones de solidaridad internacional, tejido social que ha demostrado viveza y compromiso importantes. ¿Tampoco esto cabe en los cálculos de los economistas de nuestros gobiernos?

Lo peor no es que ya no sepamos cuándo volveremos a recuperar la senda de crecimiento que nos tendría que llevar hasta el 0,7% en el 2012. Después de lo que creció el presupuesto de la Cooperación en los últimos seis años, con este desánimo parece más difícil aún que se aborden con valentía política todas las reformas demandadas para que la cooperación española sea un orgullo para todos y todas. Será muy difícil lograr una Agencia de Cooperación (AECID) competente y moderna, autónoma y adaptada a las necesidades de la lucha contra la pobreza en el mundo, liberada de los intereses corporativos diplomáticos, y llena de profesionales comprometidos con la cooperación para hacer el mundo más justo, y no más español.

Lo peor es la oportunidad que se ha perdido para lanzar el  mensaje bien que la gran mayoría de la sociedad española está deseando escuchar de sus representantes. En estos tiempos en que las finanzas amenazan a las democracias, bien podrían haber dicho, vamos a seguir apostando por el incremento de la ayuda oficial al desarrollo, porque es nuestra obligación, porque es nuestro compromiso y porque es nuestra responsabilidad, como cualquier país de renta elevada debe hacer sin dilación. Pero además lo vamos a hacer porque sabemos que cada euro invertido en desarrollo, en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, se multiplica por millones de oportunidades para las personas más empobrecidas, explotadas y discriminadas del mundo. Porque el mundo que queremos no es el de antes de la crisis, con nuestro 3% de crecimiento anual y el hambre y la pobreza mundiales creciendo. Porque sólo nos pondremos a salvo de nuevas crisis si contribuimos de forma decidida a la lucha contra la pobreza y la desigualdad cueste lo que cueste. No puede haber una inversión más productiva que la ayuda al desarrollo.

Pablo Martínez Osés
Plataforma 2015 y más

Miembro de la Alianza Española contra la Pobreza

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