Así, sí: Recortar el poder de los mercados, no los derechos de las personas.

Los mercados (financieros) por encima de  las  necesidades humanas.

La razón de ser de los mercados financieros es la especulación. No son el lubricante de la economía real, la que produce, intercambia, ahorra e invierte.

El intercambio monetario derivado de una transacción comercial real es menos del 5% de los efectuados en los mercados financieros por motivos de compra-venta de activos financieros y especulación de divisas.

Se han generado múltiples ‘productos’ financieros por parte de la ‘industria’ bancaria, de seguros, fondos de inversión, etc., que cada vez se alejan más de la comprensión y de un basamento en la economía real. Pero que son apreciados por los accionistas y rectores de esos mismos negocios que logran con ellos, una financiación económica que jibariza a la economía real y al mismo tiempo logran unos beneficios privados escandalosos.

Ha habido, pues, un trasvase extraordinario de rentas al sector financiero y a sus rectores y propietarios procedentes de la economía real y del conjunto de la población.

Pero, cuando una burbuja estalla y determinados bancos, compañías de seguro y otros intermediarios quiebran y el miedo a estar contaminados de esos productos financieros opacos, especulativos y de escasa relación con la realidad económica, sujetos a unas condiciones económicas muy coyunturales, afectan a los demás intermediarios financieros, éstos recurren para su salvación y mantenimiento de sus rectores y accionistas a los dineros públicos que, en el mejor de los casos, dejan de utilizarse para socorrer otras necesidades más humanas y perentorias.

No ha habido en esta crisis financiera una verdadera aplicación del lema de que pague quien haya provocado la crisis.

Hubo unos primeros dudosos comunicados de los gobiernos de los países más poderosos, el G-20 sobre el origen de la crisis financiera y de cómo hacerla frente, aunque si reconocían la gravedad de la misma y enunciaron algunos buenos propósitos sobre los paraísos fiscales y la regulación financiera que evitara crisis sistémicas. Pero pronto obviaron las reclamaciones de la Conferencia de las NNUU sobre la crisis y el Informe Stiglitz, que hablaban decididamente de luchar contra los elementos más visibles de la crisis, esos paraísos fiscales, y la implantación de impuestos sobre transacciones y de beneficios bancarios. Una vez más han vuelto a dar la espalda a las causas profundas de la crisis y ni siquiera parecen dispuestos a paliar las aristas más visibles de la especulación financiera y han renovado su apoyo a un discurso pro mercado por encima de las necesidades humanas.

Saben que sus decisiones alejan la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Saben que al no poner freno a la especulación, ésta seguirá drenando recursos a la economía real y a la capacidad de hacer políticas y ofertar servicios públicos al conjunto de la población.

Han dado un paso atrás a una agenda internacional de desarrollo con equidad y justicia.

Pero si los Gobiernos han sido inconsecuentes con sus anteriores proclamas y Declaraciones, la sociedad civil debe renovar sus esfuerzos para cambiar la situación, señalando que hay otro camino. Que frente a la especulación hay medidas factibles que la aminoren y que, a su vez, permiten obtener recursos para otra política económica y social. Pera un desarrollo más equitativo y justo.

Santiago González Vallejo

USO

Miembro de la Alianza Española Contra la Pobreza

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